La escritura como forma de pensar
La escritura es un sistema de comunicación humana: una representación en estado sólido de lo que sentimos y pensamos.
A diferencia del pensamiento —fugaz, liviano, como una chispa que se escapa—, la escritura permite dar forma y detener aquello que nos atraviesa. Lo fija en el tiempo y nos permite volver a él una y otra vez, observarlo con calma y desde otra perspectiva.
Algo casi mágico ocurre cuando lo que fluye en la mente se desliza hacia las manos y queda grabado en esos códigos que llamamos letras.
Una herramienta que me acompaña
Desde hace años la escritura me acompaña como herramienta. Me ayuda a ver las cosas de otra manera, aclarar el camino, abrir puertas y desarmar nudos internos.
No puedo recordar exactamente cuándo empezó. Tal vez con un diario íntimo, con cartas, o simplemente jugando con palabras. Con el tiempo descubrí que escribir se había convertido en una aliada natural, una forma de sostenerme en procesos de sanación y también en momentos donde no había nada que sanar, pero sí mucho que expresar.
Tengo cuadernos, anotadores y hojas sueltas donde fueron quedando guardados pensamientos de distintos momentos.
Cuando la escritura entra en la consulta
Durante mucho tiempo no fui del todo consciente del poder de la escritura. Eso cambió cuando comencé a acompañar procesos de cambio en mi profesión como nutricionista e incorporé la escritura como parte del tratamiento.
Ahí pude observar en otras personas ese poder transformador que en mí se había vuelto tan cotidiano que casi pasaba inadvertido.
La lectura también tuvo su papel, porque siempre me apasionó. Pero fue al trabajar junto a mi terapeuta cuando entendí otra dimensión: la de una escritura guiada, estructurada, con propósito.
Escribir para mirar de nuevo
Hoy puedo decir que escribir es, para mí, una forma de hablarle al papel. De sacar lo que pesa o inspira y ponerlo afuera para poder mirarlo con otros ojos.
Algo sucede en ese proceso, difícil de describir con palabras: es único, intransferible, irrepetible para cada persona.
Solo queda vivirlo.
Lic. Yanina Reynoso


